jueves, 1 de abril de 2010

Desde Jordania

Ayer viví un día muy intenso, me pasaro muchas cosas, entre ellas hay una a destacar por lo que impactó sobre mi. Resuelta que fui a visitar la Mezquita azul de Amman, yo me había preparado un fular, de los que suelo llevar al cuello, para taparme la cabeza. ¿Cuál fue mi sorpresa que después de pagar la entrada me hicieron pasar a una habitación donde había una gran cantidad de túnicas negras con capucha y me pidieron que me pusiera una? En este instante un montón de cosas pasaron por mi cabeza, la primera fue la de renunciar a la visita. Despés repiré hondo y pensé que era mejor vivir la experiencia y tomar conciencia de lo que pasaba en mi.
Al ponermela sentí un gran nudo en el estómago, estaba inquieta y me preguntaba si no me estaría vendidendo a sus ideas solo por vivitar una mezquita, si no sería mejor mantenerme firme en mis ideas y salir corriendo de alli. ¿Que significaba seguirles el juego ser flexible o renunciar a mis ideas?
Todo este pensamiento cambió al entrar en la mezquita, allí se podía leer; "Alá es la luz de los cielos y de la tierra", en ese momento cai en la cuenta de que estaba en la casa de Dios, no en la casa de Dios del Islam, sino en la casa de Dios, pues para mi Dios es el mismo solo que las personas le damos diferentes nombres y lo envolvemos en direfentes creencias. Confieso que me arrodillé y rezé a Alá, pues en este entorno así se llama Él. Pude sentir paz. Lo que puedo destacar de la mezquita es su sobriedad, su ausencia de imágenes y de elementos decorativos que para una mente cristiana puede chocar.
Al salir de allí y andando aún por el recinto pensé que la túnica que llevaba podía ser la de los personajes de la Guerra de las Galaxias o la toga del día de mi graduación en la Universidad de Saint Louis. Esto cambió, un poco, mi forma de sentirme dentro de aquella tela negra que cubría mi cuerpo y mi pelo para no ser una tentación para los hombres ¿realmente cumpliría su función? Yo no estoy muy segura.
Entré también a la mezquita de las mujeres, que es mucho más pequeña ¡también hay diferencia de tamaño en la casa de Dios según sea para hombes o mujeres! Allí encontré a una refugiada somalí, me contó que tubo que salir de Somalia por razons políticas y que su vida era muy dura, aún así ella tenía una agradable sonrisa.
Volví a salir al recinto de la mezquta y, ya sin la emoción de nuevas cosas por visitar, el peso y la simbología de la túnica empezó a pesar en mi, me sentí mareada y con unas enormes ganas de quitarme aquello que me aprisionaba. Me tomé un momento para escribir mis reflexiones en un papel, antes de quitarme rápidamente aquello que me acultaba, que me hacía no ser una tentación, aquello que escondía mi esencia y mi personalidad. Aquello con lo que era una sombra negra a plena luz del día.
Siento si hay faltas, en este ordenador no hay acentos y algunas letras no funcionan bien.
Subiré las fotos en cuento pueda.

1 comentario:

  1. Anónimo12:24 p. m.

    Lo más importante es vivir la experiencia, y saber aceptar las creencias de los demás.

    Rosa

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